Fonendos y Mazmorras

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Fiestas de la Blanca

Posted by iggarate en 8 agosto, 2010

Esta semana tenía pensado empezar con la parte médica de mi blog, pero al hacer los planes había olvidado un detalle crucial de estos días: el miércoles 4 empezaron las fiestas de mi querida Vitoria – Gasteiz. Y como cada cual barre para su casa, ahí que vamos con ellas.

Las fiestas de la Virgen Blanca tienen su origen allá por el año 1884, cuando (me juego la mano derecha, el pie izquierdo y los dos testículos)  ninguno de los que lee este blog había nacido aún, ni tan siquiera como futuro proyecto. De aquellas fiestas queda ya más bien poco, es lo que tienen 126 años de festejos y borrachos, y las tradiciones, aunque siempre presentes, se han ido modernizando. Para muestra, un botón: cualquiera que haya oído hablar de las fiestas de Vitoria, ha oído hablar de Celedón. Pues bien, este querido y entrañable personaje (pobre del que me falte al respeto a Celedón), no formó parte de las fiestas hasta 1957, nacido de la imaginación de 9 blusas, en conmemoración a Celedonio Alzola, un alavés de Zalduendo, que debía de ser el alma de la fiesta en su época, el que partía la pana allí en los albores del tiempo. Como lo echaban de menos, le hicieron el muñeco. Y no es otro más que el susodicho, el que da inicio a las fiestas.

El día 4 de agosto, a las 18:00, el muñeco de Celedón baja desde la torre de la iglesia de San Miguel, pasando por encima de todos los que allí están reunidos, que desde arriba solo se ven como una masa de naranjitos. Luego, la magia de las fiestas de Vitoria hace que el muñeco se convierta en un hombre de carne y hueso que atraviesa toda la plaza de la Virgen Blanca. Este paseo, que parece tan simple como poner un pie delante del otro, no está exento de riesgo. La razón: existe la tradición que dice que tocar la txapela de Celedón el día 4 hace que mojes el churro/te comas uno (cada uno con su disfrute), lo que da lugar a que, a pesar de todo el respeto y colaboración de los gasteiztarras, al pobre Celedón lo zarandeen cual hoja en vendaval. Con el paseo llega hasta la balconada, desde donde da inicio a las fiestas cantando la tan esperada canción: “Celedón ha hecho una casa nueva, Celedón, con ventana y balcón”. Y ahí empieza el despiporre, con cava descorchado y un puro recién encendido que sabe a gloria.

Durante 5 días, del 4 al 9, los vitorianos y vitorianas, y cualquiera que se anime a pasar por allí, se dedican a disfrutar de unas maravillosas fiestas, con paseíllos, vaquillas, toros, conciertos… Todo ello entre una fauna muy especial: los blusas y las neskas. Estos mitológicos seres, que solo se dejan ver durante estos días (y en el día del blusa, que es el 25 de julio), llevan a Vitoria fiesta y alegría, además de unas pegatinas muy chulas que todas las chiquillas quieren coleccionar.

Y a estos seres de mundos paralelos les dedico esta entrada. Porque son especiales, porque son únicos y porque sin ellos las fiestas de Vitoria no serían las fiestas de Vitoria. Lo primero de todo, hay que saber identificar a un blusa o una neska. Una vez que los conoces, ya hasta los hueles (es lo que tiene llevar dándole al pimple desde la mañana y tener tanto vino dentro de ti como el que tienes sobre ti). Aquí podéis ver uno de los ejemplos de traje típico, aunque cada cuadrilla de blusas (sí, son como los lobos que cazan en manada) tiene el suyo propio.

Una vez que sabemos el aspecto que tienen, pasaré a señalar una serie de rasgos característicos de estos super-humanos, que ayudarán a que cuando nos los crucemos no nos pillen desprevenidos, lo que podría ser fatal:

1) Son seres inmortales. Algo así como Super López, una vez puesto el traje no afectan ni los coches, ni los golpes, ni la policía… ¡Por eso mucho cuidado! Es habitual que se sienten a remar en mitad de la carretera sin ningún atisbo de duda.

2) Son monstruos de la moda. Cualquier tipo de complemento acompaña perfectamente al traje de blusa/neska. Ya sean gafas de colores o tangas luminiscentes, si un chino lo vende, hay un blusa que lo compra.

3) Estoy seguro de que a todos y todas os han dicho vuestras madres en casa que si un desconocido os ofrece un caramelo, le digáis que no y os vayáis. Ha llegado el momento de abandonar falsas creencias. Ya he dicho antes que los blusas solo saben una vez al año, así que no imagináis las ganas que tienen de extender la semillita (con fines nobles de evitar la extinción de la raza, por supuesto). Si un blusa os ofrece un caramelo, ¡pues le pedís dos! Y que no se vaya sin daros una pegatina, que aunque digan que no, tienen un bolsillo como el de Doraemon lleno de ellas.

4) Los blusas son seres nocturnos. No le pidáis que al día siguiente quede a las 12:00 para un café. Si va, será porque aún no se ha acostado. Y si esperabas otra cosa, eres una ilusa. No digas que no estabas avisada.

5) A las 17:00 el blusa no puede quedar. Tiene grandes compromisos.Todos los días a esa hora da comienzo “El Paseillo”. Todas las cuadrillas de blusas salen desde la Plaza de España en un desfile músico-alcohólico-cultural, que nadie se puede perder bajo ningún concepto. A las 20:00 es el de vuelta. Y entre medias hay que ir de poteo. Queda con él a la noche, no queda otra.

6) Y aunque se podría decir mucho más, un último apunte. El blusa es un bien público. Nadie posee al blusa. Si le ves hablando con otra chica, piensa que ella también tiene derecho a disfrutarlo. Si le ves dándole pegatinas, comprende que solo expande la cultura. El blusa, obviamente, tiene que seguir con su labor social. No le odies. Compréndele y ayúdale en su tarea, seguro que después sabe agradecértelo (y a tu amiga, y a tu otra amiga, y a tu prima…).

Aún quedan muchas cosas en el tintero, pero creo que ya me he extendido bastante. Si después de esto aún no se os ha despertado el gusanillo, es que no tenéis sentimientos. Hay experiencias que hay que vivir una vez en la vida. Las fiestas de la Virgen Blanca son de esas que hay que vivir cada año. Vosotros solo tenéis que llegar a las murallas de la ciudad y dar la contraseña. Os ponéis allí de pie, os calzáis la txapela y cantáis: Celedón ha hecho una casa nueva, Celedón con ventana y balcón…

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El funicular y el burro

Posted by iggarate en 1 agosto, 2010

A veces, solo a veces, tienes la suerte de encontrar unos de esos rincones de este planeta, uno de esos lugares privados de nuestro mundo, en los que el tiempo parece no avanzar… al menos hasta que la evolución decide “mejorar” la situación.

Uno de esos pequeños lugares es Bulnes, un pueblecito situado en los Picos de Europa y que he tenido la suerte de visitar esta semana. Aunque la verdad, no ha sido la visita soñada… Digamos que nos hemos dejado guiar por unos expertos montañeros, y lo que ellos consideraban un camino fácil ha sido una larga y tortuosa bajada por resbaladizas piedras, acompañados con unas gotitas de lluvia, todo ello aderezado con un pellizque de niebla. Remuévalo todo bien con unas botas de monte, o en su defecto un cucharón, y sus invitados quedarán tan llenos que no sentirán la necesidad de repetir.

Bulnes ha sido siempre un pueblo agrícola en el que sus habitantes  vivían de la ganadería y de la elaboración de queso cabrales (que puedo asegurar que está delicioso). Hasta hace unos pocos años, la única forma de acceder al pueblo era un camino de 1-2 horas a pie, camino que sus habitantes realizaban junto a la inestimable compañía de un cuadrúpedo rebuznante, llámese burro, cuando tenían que subir víveres u otros enseres.

Pero el futuro llega a todas partes y la industrialización gusta de dejar su huella en cada rincón. Desde el año 2001 existe una forma mucho más fácil de acceder al Bulnes, el funicular. Por la módica cantidad de 16 € puedes acceder allí en 7 minutos, sentado cómodamente en una silla y en compañía de otros tantos “aventureros”.

Y personalmente creo que es ahí donde se rompe la magia del lugar. Cuando un rincón al que solo podías llegar tras dos horas de marcha, es accesible para cualquiera que simplemente guste de ver el “rusticismo” de este tipo de lugares. Bulnes ha cambiado. Con el aumento del turismo esa es una forma de aumentar sus ingresos, pero es inevitable que eso altere la base del lugar. Un pueblo alejado de la sociedad, que era capaz de vivir alejado de esta exigencia continua a la que llamamos vida moderna, de pronto se ha visto invadida por ella.

El lado bueno, los vecinos de Bulnes pueden acceder a su pueblo mucho más fácilmente, los niños ir al colegio, los servicios de urgencia ante cualquier emergencia… Todo el día hasta las 18:00, y por supuesto gratis para los habitantes.

El lado malo, el turismo invade un pueblo que ve rota su monotonía y su modo de vida por gente que,lamentablemente muchas veces, no son capaces de entender que la belleza de esos lugares radica en esa paz que ya no queda en el pueblo. Y, por supuesto, la ausencia de ese amigo cuando había que subir la carga al pueblo.

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