Fonendos y Mazmorras

Donde la palabra es el viaje y el destino un misterio

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Musa Oscura

Posted by iggarate en 16 septiembre, 2010

(Llevo demasiado tiempo sin actualizar, pero desgraciadamente no es que ande sobrado de tiempo últimamente. De momento os dejo este texto, algo que escribí hace algún tiempo y que le tengo un especial cariño. Espero que os guste)

La noche llama a filas a sus aliados. Más tarde o más temprano, aquellos por cuyas venas corre la sombra nocturna se ven atraídos por los misterios que la forman. Sus secretos, sus placeres, se ven incrementados con cada nuevo aliado. La llamada de la noche es, sin duda, la más seductora de todas…

Su piel brillaba bajo la luz de una pálida luna. Sus instintos la dominaban, hacían de ella una criatura nocturna, un ser de la noche envuelto en sombras, como un cachorro en brazos de su madre. Como cada noche, salía de caza. ¿A cazar qué? No lo sabía. Sus presas solían eludir su recuerdo como una amante despechada elude el contacto amoroso de otro cuerpo, buscando solo la verdadera naturaleza de la pasión.

Sus ropas negras envolvían sus curvas, escondiendo a los sentidos los sentimientos de pecado que evocaban. Las sombras difuminaban su figura, dejando en la retina de furtivos ojos el vago recuerdo de una silueta. Pasaba por tu lado como la niebla. Podías sentir como te rodeaba, podías notar como hacía de tus sentidos algo inútil fuera de sus límites. Podías saborear como su frío recorría  tu espina dorsal, haciéndose cálido sentimiento al llegar al alma. Allí, como tizona ardiente, como hierro candente al rojo vivo, dejaba impresa su marca.  Una marca extraña, irreconocible, pero a la que ni siquiera el tiempo eliminaría jamás. Ella había cruzado, tú no la habías visto, ella solo había pasado indiferente junto a ti. Pero su recuerdo, un recuerdo que jamás podrías comprender, había quedado grabado en tu memoria, por siempre…

Pasos ágiles y majestuosos la llevaban a su destino. Las sombras parecían posarse allí donde ella iba a pisar, cual alfombra persa para los pies de una princesa. Su reino, la noche; sus súbditos, las sombras; su corona, las hebras de plata que la luna trenzaba en su oscuro cabello. Solo ella y el silencio de sus pasos; baile al son de una música muda, música de luz de estrellas para oídos inmortales.

Al fin halló a su presa. Vagaba, perdido, por las calles que se le hacían desconocidas en ausencia de luz. Su nombre, un misterio. Su vida, un enigma. Su naturaleza, algo que no le interesaba. Como cada noche, su sed le había llevado ante un desconocido, ante una de las presas que le gustaba cazar. No sabía como los encontraba, desconocía la procedencia de su instinto, tan solo obedecía un mandato de su alma, una orden de su propio corazón.

Con paso firme, sus caminos se cruzaron. Con una seguridad fruto de la experiencia, dejó que aquel alma saboreara un indicio de la suya. Lo suficiente para que la curiosidad y el deseo hicieran el resto. Sus ojos se clavaron en los de él, su sonrisa perfiló su rostro, inundando los sentimientos de aquel que fuera su víctima. Su encanto fluyó en el espacio que los separaba, como una serpiente, venenosa, pero al mismo tiempo de irresistible contoneo.

Sus manos ni siquiera le rozaron. Su voz, que no emitió sonido alguno, se clavó en su corazón con punta de acero y fuego. Su ira aplacó la duda, su dolor desterró la tristeza, su deseo encendió la llama. Sus ojos se cruzaron… y aquel fue el fin. La sonrisa siguió su camino; la cadera del pecado se alejó con su bamboleo; la risa se perdió en la noche oscura, dejando un eco de extrañas promesas. La niebla envolvió un rostro que la oscuridad engulló.

Nada quedó de ella salvo su recuerdo, nada salvo la imagen de su oscura silueta contra el cristal de la noche. Nada salvo el sonido de su risa y un extraño aroma a rosas de papel. La víctima estaba escogida, la caza estaba hecha. Su recuerdo se evaporaría con la primera luz del alba.  Pero ella sabría que había cazado. Y él no sabría volver a encontrar la paz. Tarde o temprano, aquellos por cuyas venas corre la sombra nocturna se ven atraídos por los misterios que la forman. Misterios con aroma del más sabroso de los pecados… misterios con formas de cuerpo de mujer…

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